martes 7 de julio de 2009

Yo, mi, me, conmigo



Una amiga me regaló el otro día la columna de un periódico que suelen repartir cada mañana en el metro con una bonita reflexión.

"Al final, tú contigo" se titulaba.

Desde luego, nunca nos quedamos solos. Siempre estamos con nosotros mismos. Y a veces, hasta tenemos que soportarnos. En esos días grises y monótonos. Y amarillos chillones y efervescentes. Algunos negros y tristes.
Pero así y todo, vamos tan acelerados por conocer a otros, por charlar con otros, por salir de cañas con otros, por darles nuestro amor a otros, que nos olvidamos de nosotros mismos. "Estaba tan seguro de que su triunfo consistía en agradar a los demás que se le olvidó agradarse a sí mismo", decía el artículo.
"Muchos vacíos de vida se producen por error de entrega de vida. Nos regalamos sin construirnos ni valorarnos. Buscamos amores ajenos y olvidamos el amor propio (...) Aquellas reinas de noches de sofá y cama, aquellos vampiros chupadores de espejismos de luna menguante, todos sin excepción se fueron desvaneciendo entre rutinas de calendarios sin historia hasta que un día, de repente los envolvió el gran nubarrón del alma, que es ese momento en que mirándote al espejo no te ves. Se desaparecieron de sí mismos porque su yo, a cambio de nada se lo habían dado a otros". Amores de barra. Querencias que sólo son respondidas con desprecio. Parejas que se mimetizan y no saben crecer individualmente, sino sólo en su unión, siamesas. Hasta que el amor se acaba. Relaciones sociales fingidas. Ambiciones de fama y poder. Todo se acaba quedando en nada. "De vez en cuando hay que sustituir paisaje por espejo y mirarse en silencio para reconocerse (...) Saber verse, husmearse, criticarse y quererse. Hablarse... hacerse preguntas". Quererse siempre. Conocer lo bueno y reconocerse también en lo malo. Y aceptarse.

EL artículo terminaba de la mejor forma posible, haciendo referencia a la "gran feria de los abalorios humanos", que es, por desgracia, un poco, nuestro mundo, y a aquello que ya decía yo al comienzo de este post. Que al final uno siempre queda consigo, para encontrarse. Pues como dijo Hesse, esa es la verdadera misión que se nos ha encomendado.

Gracias, S., por recordarme que siempre he de responder primero ante mí misma.

8 reconstrucciones:

Toño dijo...

El quilibrio es la clave, sin que nos lleguen a llamar egocentricos, pero sin que seamos unos en manos de otros. Yo tambien creo que hay mucho mimetismo y siames en estos tiempos y el grupo, la pareja los amigos... A veces creo que no solo se tiene miedo a la soledad si no a uno mismo y lo que se tiene que decir.
De todas formas estar con gente esta bien :)

manuel77 dijo...

Se tiene terror a la soledad. M eha gustado mucho. Gracias.

adriahna dijo...

Leía sobre el existencialismo y creo que es muy complementario: si no hay valor absoluto (como la religión), si lo que circunda es relativo, ¿qué nos queda para nuestro actuar en este mundo? Nuestros propios valores, la "ética" que nace de nuestro interior y que nos hace, al final, como bien dices, "responder ante nosotros mismos".

La "soledad" no sería entonces más que confrontarte en busca de tus propios valores..

gracias :)

peter punk dijo...

Muy buena reflexión, desde luego,
los valores que uno tiene es necesario alimentarlos, modificarlos a veces, replantearlos, reafirmarlos y defenderlos en otras ocasiones. Los valores que tenemos nos hacen ser quienes somos, sí, aunque hay muchas cosas más que debemos aprender de nosotros mismos.

Y estar con gente, Toño, claro que está fenomenal, de hecho, yo soy una persona muy social, pero a veces es bueno darte una tarde solo, como la de ayer.

wind_ire dijo...

Supongo que muchas veces surge ese miedo a la soledad, soledad rodeado de gente. Pero el estar solo también es necesario,...es necesario tener y guardar pequeños o grandes momentos para ti, para reflexionar, desconectar del ajetreo del día a dia, etc. Es igual que los silencios, con el tiempo he llegado a comprender que estos también se pueden conpartir y que muchas veces son necesarios.

Elisa dijo...

Amores de barra... si sentido... o si sentir... o por sentirnos especiales y no solos una noche... amores de barra de los que luego te puedes arrepentir porque tú das y quizá ellos no...

Gaby dijo...

Pues yo soy bastante solitario (social tambien, pero no necesito siempre compañia). Me encanta perderme por algun rincon y estar conmigo un rato sin nadie mas, en un tren, en la montaña, conduciendo... Creo que son los ratos mas tranquilos para reflexionar.
Los amores de barra que dice Eli son muy necesarios en algunos momentos. "Aves de paso" que canta Sabina.

Toño dijo...

Yo soy poco de barras, me gusta el rollo del existencialismo que comenta adriana y el tema de los valores, me convence porque es lo que creo, lo mirare algo mas, creo que era Sartre el principal baluarte pero igual me equivoco, la edad... Lo que dice Ire es verdad, yo lo he sentido, da igual la gente de la que te rodees si en ocasiones te sientes un puto oasis en un desierto... Eso si, los silencios son necesarios incluso en compañía... Entenderte sin hablar... Yo en el coche no llevo ni música, no digo mas... nos vemos :) y mola esto de los blogs... que me relaja la cabeza