miércoles, 23 de octubre de 2013

Infancia

Hace unos días me nació un bonito recuerdo de cuando era niña. Aquellas tardes de domingo con el cassete. Algo se muere en el alma. Yo con aquel vestido flamenco. Y una voz. La de mi madre. Ella tenía una voz.
Hace unos días las cuerdas de una guitarra me devolvieron ese recuerdo. Y se abrió la caja de Pandora y ahora no puedo dejar de acordarme de los pantalones de pana grises de mi bisabuelo y su biblioteca de libros "pulga".
Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice. Así que no contaré todos mis recuerdos.Dejaré que algunos jueguen con el viento y que otros los ahogue la lluvia de los últimos días. Y me guardaré los nombres.
Mencionaré a los Goonies, las manos encalladas, los paseos por el monte, las verbenas de San Juan, las noches de verano jugando al "escondite", pisarle la cola a las lagartijas, los bocadillos de embutido en el escondrijo de la alcantarilla, las casas de cartón, coronar el Everest, las Montañas del Gato Montés (simples montículos de arena), ser enfermera de guerra, las gymkanas del colegio, el primer baile con aquel chico con gafas de Harry Potter, los dibujos de concurso colgados en la pared, un premio de cuentos, mariposas en el estómago en la plaza de la Libertad, un beso detrás de la tapia y aquel niño a quien jamás volví a ver, mamá mirando por la ventana mientras yo iba al colegio comiendo el postre, siempre tarde, enfadarme con mi abuelo cuando me decía que parecía una reina, con lo poco que me gustaban, tan rígidas, tan encorsetadas, tan viejas, ser nombrada caballero de la Tabla Cuadrada con una espada de madera.
Y recuerdo la inocencia, sobre todo la inocencia. Creer que todo era posible. Querer volar y llevarme puntos en la barbilla. Saltar en paracaídas, sin paracaídas, y romperme la nariz. Y no tener miedo. A nada.
Cuando llega el tiempo en que algunas cosas se van viendo poco posibles y tu cerebro ha grabado las caídas y los golpes, recuerdas esa inocencia. Y la espontaneidad. Y duele no poder borrar algunos aprendizajes para tener el valor de lanzarse al vacío. Y dejarse llevar.